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El fantasma de la pobreza por Domingo F. Fuentes Curbelo

Ayer, cuando viajaba a Madrid para acudir a un pleno del Senado leí, en titulares destacados en la portada del diario Canarias 7, que el nuevo Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF) pasó el primer filtro de la Unión Europea, y entrará en vigor a principios de 2015. En principio, nada que objetar, pero el caso es que en la misma portada, y en titulares aún más destacados, a cuatro columnas, como contrapunto, se aseguraba que «los sin techo» aumentaron un 40% en el último año. Datos estremecedores, sin lugar a dudas, porque es un 40% sobre el dato aterrador del año anterior, y el anterior al anterior… Y esto ocurre en una comunidad autónoma que encomienda su futuro al llamado «Fuero Canario», constituido por un conjunto de instrumentos económicos y fiscales especiales que vienen de lejos, en unos casos, y en otros, que son el resultado de nuestro modelo más reciente de integración en la UE.

Nadie discute que, por su lejanía de Europa y la fragmentación del territorio en ocho islas habitadas, las Islas Canarias necesitan políticas diferenciadas de las regiones continentales. Es por eso que cuenta con un régimen económico y fiscal propio (REF), derivado de la antigua Ley de Puertos Francos, que aparte de otros incentivos para las empresas, establece una bajísima imposición fiscal a través de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC), la cual se instrumentó para estimular el esfuerzo inversor con cargo a los recursos propios de las empresas que desarrollaran su actividad en las Islas. En el marco del REF, se instrumentó también la Zona Especial Canaria (ZEC), que es una zona de baja tributación para promover el desarrollo económico y social y diversificar la estructura productiva de las Islas.

 

Por otra parte Canarias está considerada por la Unión Europea, junto con otras regiones portuguesas y francesas de ultramar, como una Región Ultraperiférica (RUP), con todas las ventajas que implica a la hora de participar en el reparto de los Fondos Estructurales Europeos, principalmente del Fondo Social Europeo, creado para la formación y creación de empleo.

 

Además los Programas de Opciones Específicas por la Lejanía y la Insularidad (POSEI) establecen una serie de ayudas específicas para el desarrollo de las producciones agrícolas locales, así como para el suministro de productos agrícolas a las Islas, a través del Régimen Específico de Abastecimiento (REA), que tiene como objetivo abaratar la cesta de la compra de los canarios.

 

Por si fueran pocas las fortalezas y oportunidades, los canarios contamos con un plus que nos ha dado la Naturaleza, como es la benignidad de un clima, que nos hace acreedores del título de «Islas Afortunadas».

 

Ya quisieran para sí otras regiones españolas o europeas, este clima y este conjunto de herramientas —que constituyen el «Fuero Canario»—, que han sido supuestamente diseñadas para generar riqueza y empleo y garantizar la cohesión económica y social de las Islas, así como la convergencia con las demás regiones de España y de la Unión Europea. Y digo supuestamente, porque ese objetivo no se ha conseguido en términos generales, y menos aún si hablamos en términos de corrección de las desigualdades.

 

Según datos del Instituto Canario de Estadística del Gobierno de Canarias (Istac), el Archipiélago acabó el año 2013 con 2.118.679 residentes, y ese mismo año visitaron las Islas más de 11.000.000 turistas (lo que da una ratio de 5,19 visitantes por habitante), batiendo records, lo mismo que sucedió en 2011, y como está ocurriendo este año 2014. El PIB creció en Canarias un 0,8%, mientras que en el conjunto nacional se incrementó apenas un 0,2%.

 

Con esos datos sobre la mesa no se explica que Canarias se encuentre a la cabeza de las regiones con más desempleo de la UE. La tasa de paro en las Islas se situó en el 33,36% en el tercer trimestre de 2014 (con 362.300 personas sin empleo, la gran mayoría jóvenes menores de 35 años), con el agravante de que el 15,5% de las familias canarias tiene a todos sus miembros activos en paro. Y a todas estas, la brecha entre ricos y pobres se incrementa en las Islas, siendo Canarias una de las comunidades autónomas en las que las grandes fortunas se han incrementado de una manera directamente proporcional a la pobreza, y especialmente a la pobreza infantil.

 

Hay cosas que no cuadran. ¿Cómo es posible que con una naturaleza tan benigna que alarga la estacionalidad y la ocupación hotelera los doce meses del año (y no seis como tienen en otras regiones españolas), y con todos los instrumentos económicos y fiscales de los que no disponen otras comunidades, Canarias se sitúe en el pelotón de cabeza de las regiones de la UE con más desempleo? ¿A quién le está sirviendo entonces el «status especial» del que disfrutan las Islas? ¿Está sirviendo el REF, la RIC, el REA, el AIEM, la ZEC, la consideración de RUP, etc. a los canarios de a pie, o se ha convertido en un traje a la medida de determinadas elites y minorías que se han dedicado a amasar fortunas y patrimonio?

 

La conclusión no puede ser otra. El Fuero Canario no funciona, o al menos no está consiguiendo los objetivos para los que se ha venido concibiendo durante décadas. Canarias, con una tasa de paro escandalosa, es la sexta Comunidad Autónoma con mayor riesgo de exclusión social, y la pobreza infantil en Islas supera en un 10% la media de la Unión Europea. Y lo peor es que, además de estos datos, que hablan por sí solos, Canarias se encuentra a la cabeza de todas las ratios que nos avergüenzan, y a la cola de aquellas que nos gustaría sentirnos orgullosos.

 

Por eso ya es hora de que determinados políticos canarios que llevan decenios esgrimiendo como plañideras las debilidades y amenazas que se ciernen sobre el Archipiélago, empiecen a mirar hacia dentro, empoderen nuestras fortalezas y oportunidades, y promuevan un giro copernicano en el nuevo Régimen Económico y Fiscal, que tiene que estar aprobado antes de fin de año, de modo que sirva de verdad para combatir el desempleo, y para atender las necesidades del segmento más vulnerable de la población canaria que sufre los rigores de la crisis. Un REF que garantice un mejor reparto de la riqueza y la corrección de las desigualdades, que es la única forma de conseguir los objetivos de convergencia y cohesión económica y social.

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